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Los camisas negras, que temían extraordinariamente al ridículo, arrojaron una bomba a los manifestantes. D’Annunzio introdujo el uniforme negro de los arditi, su estandarte con la calavera y el saludo a la romana en el día a día de los sorprendidos fiumianos, distintivos que Mussolini introduciría en su movimiento y en su futuro gobierno en homenaje a la aventura del poeta, en un intento de hacer de toda Italia un gran Fiume. Si bien, actualmente, la población de origen croata es netamente mayoritaria, históricamente había estado poblada por una mayoría italiana cuyo origen se remonta a la medievalidad mercantil de las ciudades estado. Fiume es la denominación italiana de una ciudad situada en la costa dálmata hoy conocida como Rijeka. Los hombres ricos e influyentes, los jefes del ejército y  algunos políticos liberales, comenzaron a sentirse atraídos por él, en cierta medida por su habilidad para dominar las masas, y en parte porque la nueva fuerza política carecía de verdadera dirección por sí misma. Una vez satisfecho el sentimiento “chauvinista" de la masa, Mussolini y los otros fascistas que solían  hacer uso de la palabra se dedicaban a ilusionar al pueblo con promesas de justicia social como las de confiscar la tierra, suprimir los privilegios y títulos nobiliarios, limitar la influencia de la Iglesia católica y apoderarse de los bienes improductivos.

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  • La única exigencia para ingresar al movimiento era la adhesión a un vago compromiso, que jamás se delimitó con claridad, y una fotografía para ser estampada en un carnet de asociado.
  • Pero en la Italia de aquellos días, sumida en el caos de postguerra, los grupos políticos que no difundieran consignas revolucionarias como las del ultranacionalismo reaccionario o del socialismo de extrema izquierda, bien pocas posibilidades de éxito tenían en aquella hora de desesperación y delirio.
  • Al menos ésa fue la errada opinión predominante en la gente cuando los fascistas comenzaron a desfilar por las calles con sus camisas negras que vinieron a complicar aún más el mosaico multicolor de la política italiana de aquellos días, en que los socialistas y comunistas desfilaban vistiendo camisas rojas y el Partido Nacionalista de derecha llevando casacas azules.
  • Si bien, actualmente, la población de origen croata es netamente mayoritaria, históricamente había estado poblada por una mayoría italiana cuyo origen se remonta a la medievalidad mercantil de las ciudades estado.
  • Por su parte, en el sur, para estar a tono con la violencia imperante en las zonas industriales del norte, se agitaron los sectores rurales destruyendo las cosechas y sacrificando el ganado.

Un gran número de trabajadores italianos, enfrentados con la pobreza y el desempleo, completamente desilusionados por la inutilidad de la guerra, se volcaron en su desesperación a los partidos Socialista y Comunista. En esta segunda entrega del origen del fascismo italiano, que cumple 100 años, se ofrece la historia acerca de cómo Mussolini empieza a ganar terreno en una Italia sumida en el caos, en medio de una oferta política radical. En Ferrara y Bolonia se desarrollaron enconados combates por espacio de horas, que constituyeron verdaderas batallas campales entre fascistas y marxistas. Los fascistas, organizados en grupos de asalto regulares -"squadristi"-, dieron a su agresividad el máximo de eficacia. Desde entonces, cuantiosas sumas de dinero vinieron a incrementar las cajas de los camisas negras.

Mona Lisa: accordi di Los Camisas Negras

El núcleo primitivo de los fascistas, como Farinacci, Rossi, Bianchi y el propio Mussolini, procedían de la clase media italiana menos pudiente y en apariencia podían ser considerados como hombres de izquierda. Los camisas negras le sirvieron como un partido que le proporcionaría influencia política y a la vez como una poderosa fuerza de choque. Por su parte, en el sur, para estar a tono con la violencia imperante en las zonas industriales del norte, se agitaron los sectores rurales destruyendo las cosechas y sacrificando el ganado. En el verano de 1920, cuando estuvieron ultimados los preparativos políticos, Mussolini dio a sus camisas negras la orden de salir a las calles. Cuando en el mes siguiente el movimiento celebró una gran asamblea en Florencia, se encontraron representados en aquella reunión nada menos que 148 centros fascistas, anunciándose que otros 68 estaban en proceso de formación.

Nunca faltaba tampoco la invocación en frases pomposas a la memoria de los 600 mil italianos caídos en la guerra o la solemne promesa de exigir más territorios y colonias para Italia. Adoptó la "Giovinezza", el antiguo canto de guerra de los "Arditi", como himno fascista y en los mítines introdujo un constante diálogo emocional entre él y sus partidarios. Los primeros partidarios poderosos de Mussolini confiaban en llegar a dominar el movimiento e imprimirle su huella. No obstante, se lanzó decididamente a la acción, dispuesto a darle consistencia y vigor al movimiento fascista. Pero en la Italia de aquellos días, sumida en el caos de postguerra, los grupos políticos que no difundieran consignas revolucionarias como las del ultranacionalismo reaccionario o del socialismo de extrema izquierda, bien pocas posibilidades de éxito tenían en aquella hora de desesperación y delirio.

Camisas negras, rojas y azules

Al menos ésa fue la errada opinión predominante en la gente cuando los fascistas comenzaron a desfilar por las calles con sus camisas negras que vinieron a complicar aún más el mosaico multicolor de la política italiana de aquellos días, en que los socialistas y comunistas desfilaban vistiendo camisas rojas y el Partido Nacionalista de derecha llevando casacas azules. Aunque los veteranos de guerra decepcionados y sin empleo y otros sectores indeterminados apoyaban al movimiento fascista, el grueso del país estaba aún muy lejos de formar filas en torno al Fascio. Al puntilla mujer unirse estos sectores con los camisas negras, las tendencias fascistas fueron gradualmente girando hacia la derecha.

Los nacionalistas exteriorizaron su descontento declarando que los italianos habían sido traicionados en Versalles, reprochando al gobierno su fracaso en obtener condiciones más favorables. Armados con cachiporras, botellas de aceite de ricino y pistolas, comenzaron a destruir e incendiar sistemáticamente las sedes de los sindicatos, las redacciones de los periódicos izquierdistas y los centros locales de los partidos Comunista y Socialista. De este modo Mussolini supo sacar partido de estos grupos que se alinearon con él, pero que más tarde pagarían muy cara su debilidad al ser implacablemente destruidos por el futuro Duce. Dando muestras de una gran sagacidad y prudencia política, además de buscar el apoyo de los capitalistas, Mussolini dirigió sus esfuerzos hacia la neutralización momentánea de otras instituciones. Su ansiedad se disipó muy pronto, pues la aventura del poeta acrecentó la exaltación patriótica, y, como consecuencia de ella, acudieron a las filas del fascismo un gran número de nuevos adherentes. Cuando Mussolini se presentó a elecciones para la Cámara de Diputados, en noviembre de 1919, fue categóricamente derrotado, obteniendo apenas cuatro mil votos, contra 180 mil de sus adversarios.

Mona Lisa: acordes por Los Camisas Negras

La única exigencia para ingresar al movimiento era la adhesión a un vago compromiso, que jamás se delimitó con claridad, y una fotografía para ser estampada en un carnet de asociado. En 1919 Mussolini viajó por toda la zona norte de Italia en su gran automóvil gris, deteniéndose en cada ciudad, pueblo y aldea para hablar en asambleas y organizar secciones locales del Fascio. Así, para exacerbar aquellos dos sentimientos, comenzó a emplear un estilo mezcla de nacionalismo y demagogia de izquierda.

Los Camisas Negras

A medida que el movimiento fascista fue ganando adeptos, el ascendiente de Mussolini fue aumentando. Muy pronto esta región, la primera en donde se organizó el movimiento fascista, contó con su jerarquía de jefes nacionales y provinciales y sus disciplinados "squadristi". Las camisas negras, adoptadas como uniforme distintivo, no tardaron en multiplicarse en todo el norte industrializado de Italia.

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Más tarde, el gobierno mismo dio a entender que no movería un dedo si se atacaba a la extrema izquierda. Si lo lograba, fuera de deshacerse de un oponente peligroso, se beneficiaría con  el respaldo financiero de los poderosos capitalistas que tanto necesitaba el fascismo. Indudablemente que vastos sectores, representados principalmente por los grandes terratenientes del Sur y los poderosos industriales del Norte, sin excluir por cierto a una importante capa de la clase media, tendrían que apoyar una acción anticomunista. Incluso hay antecedentes de que en Sicilia y en el sur de la península el fascismo llegó a un acuerdo con la temida mafia.

Pensaba que si conseguía combinar estas dos corrientes, haciendo un todo con ellas, lograría un apoyo lo bastante poderoso como para derribar al gobierno. El valor de la lira descendía verticalmente, el gobierno anunciaba un enorme déficit y, por último, las manifestaciones de protesta, huelga y desórdenes amenazaban con propagarse por toda la península itálica. Una nueva colectividad, el Partido Popular, fundado y dirigido por Luigi Sturzo, un famoso sacerdote, intentó congregar a su alrededor a las fuerzas moderadas de centro mediante un programa de justicia social, reforma agraria y la aceptación de condiciones de paz razonables. Únete a 2 millones de músicos que ya tocan las canciones que aman en GuitarTuna.

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